Corrí desesperada a buscar mi maleta, me faltaba aire, me arreglé un poco, para verme bien en aquel momento. Salí de la sala de equipaje y lo veo, nuestros corazones se estaban buscando. Él, barbón como ningún otro, lentes grandes, con su facha de periodista joven, una chaqueta café y una bufanda azul. Estaba como yo lo recordaba y esperaba verlo. Me quedé quieta, fui incapaz de reaccionar, él corrió hacía mi, me tomó de la cintura y me dio un beso, de esos besos que nunca se olvidan, de esos besos en los que recuerdas dónde estabas, que canción sonaba... de esos besos en el que el mundo deja de existir. Fue un beso sin vacilación, fue seguro, firme como cuando dices todo lo que tenías guardado... ese beso me dijo que nos amábamos y que no estábamos perdiendo el tiempo. Mi destino llevaba el nombre de Manuel, le doy gracias a la vida por darme a un hombre como él. No tengo miedo de que él me desilusione, más miedo me doy yo por si lo desilusiono a él.
Creo que ha sido uno de los besos que más he disfrutado en mi vida... al final, nos reímos, acariciamos nuestros rostros dándonos cuenta de que de verdad estaba pasando, de verdad eramos nosotros, parecía mentira, nuestro gozo hacía que todo fuera un sueño. Rompimos el silencio con una risa inocente, Manuel me preguntó como estaba y le respondí que bien, me tomó la mano y salimos del aeropuerto. Sentí la brisa con contaminación de Santiago, nos subimos al auto, no le pregunté a donde iríamos. Llegamos a nuestro lugar favorito de juventud (Manuel, tan detallista que eres) , un parque escondido en Providencia, no era tan fácil llegar, nosotros lo descubrimos por casualidad en esas tardes eternas juntos. Era nuestro lugar. Llegó el momento de hablar lo que había pasado, que nos inquietaba, que nos molestaba... pero lo más importante : ¿por qué le pusimos fin?. Manuel me respondió sin pausas y sin dudas diciendome que era mucho tiempo para ser tan chicos, más que mal, cuando había visto a unos universitarios durando 5 años juntos en un pololeo que parecía matrimonio, ¡si estábamos a punto de irnos a vivir solos!. Manuel me dijo que él me dejo ir el día de la discusión del metro porque tenía miedo de que yo le dijera que no quería saber más de él... me dijo que cuando supo que me fui a Amsterdam sintió que el corazón se le partía y asumió que era hora de empezar de nuevo, a pesar de nuestro eterno pololeo. y de nuestros TE AMO POR SIEMPRE. Pololeó con bastantes niñas pero ninguna, cómo dijo él, lo hacía sonreír como yo. Le dije que quizás fue muy egoísta, como yo, uno de mis amores con catarsis me dijo que quería mi mano y me quería a mi para siempre. No pude, yo todavía te amaba a tí, le expliqué a Manuel, rompimos y ahora estoy en Santiago, en nuestro lugar, contigo conversando, afirmé.
Manuel me dijo que no me dejaría ir, no de nuevo.
-o-
Cualquier coincidencia son su realidad son similitudes con mis lagunas mentales.
Valëntina Völantina.